Admítelo, probablemente nunca te has parado a cuestionar por qué el rojo se llama rojo o quién fue el genio que decidió que el naranja iba a llamarse como una fruta. Es más fácil aceptar las cosas como son, igual que aceptas que Netflix sigue subiendo sus precios cada año sin razón aparente. Pero aquí estamos para sacudir tu rutina mental y darte una razón para que tengas algo interesante que contar en tu próxima cena incómoda. Sí, la historia de cómo los colores obtuvieron sus nombres es mucho más épica de lo que imaginas.
🍊 Naranja: Primero la fruta, después el color
Empecemos con algo fácil. ¿Qué fue primero, el color o la fruta? Aquí no hay debate: fue la fruta, concretamente una llamada «naranga», originaria de la India. Los comerciantes europeos se trajeron estas pequeñas esferas jugosas al viejo continente y, siendo los europeos tan prácticos como siempre, acortaron la palabra hasta «naranja». Antes, lo más parecido que tenían era «amarillo rojizo», un nombre tan aburrido que parece sacado de catálogo de pintura. Así, la naranja revolucionó las paletas europeas igual que Spotify revolucionó tu forma de escuchar música: nadie lo pidió, pero ahora nadie puede vivir sin él.
🌊 Azul: El color que nadie veía
Aunque ahora sea uno de los colores favoritos del planeta, hubo un tiempo en que literalmente nadie le ponía atención al azul. De hecho, los griegos y romanos antiguos ni siquiera tenían una palabra específica para describirlo. Homero, por ejemplo, describía el mar como «color vino oscuro». ¡Vino oscuro! ¿Se habría pasado de copas? Quién sabe. La cosa es que el azul ganó prestigio gracias a los egipcios y al pigmento de lapislázuli, una piedra preciosa que era como el iPhone de su época: carísima, hermosa e innecesaria hasta que todos la querían.
🍅 Rojo: El OG del arcoíris lingüístico
El rojo fue el primer color en tener nombre propio después del blanco y el negro. ¿Por qué? Fácil: porque la sangre existe desde que existimos, y cuando algo es tan evidente como un tajo en la pierna, hay que nombrarlo. La raíz indoeuropea reudh es la base de muchas palabras para rojo en distintos idiomas: “red” en inglés, “rouge” en francés, “rojo” en español. En culturas antiguas, el rojo estaba asociado con el poder, la guerra, el fuego y hasta la vida misma. Básicamente, si eras humano y tenías ojos, el rojo era el color que más te gritaba: “¡Aquí estoy!”
🌸 Rosado: Un color con crisis de identidad
Ahora vamos al rosa, el color más debatido de la historia. Hoy es el símbolo universal de la dulzura, los bebés y el marketing femenino. Pero hace siglos era justo lo contrario: una tonalidad asociada con la fuerza masculina por ser «el hermano menor» del poderoso rojo guerrero. No fue hasta bien entrado el siglo XX cuando alguien en algún departamento de marketing decidió que rosa significaba delicado. Y así, como cuando Instagram cambió su logo y nadie supo exactamente por qué, el rosado cambió de identidad por completo.
👑 Púrpura: El color que valía más que el oro
Aquí llega el color más exclusivo de la historia: el púrpura. Durante siglos, obtener este tono era más difícil que conseguir entradas para un concierto de Taylor Swift. Se extraía de caracoles marinos en las costas del Mediterráneo, y producir apenas un gramo requería miles de estos bichitos. Por supuesto, solo reyes y emperadores podían permitírselo, y por eso mismo el púrpura terminó asociado a la realeza. El nombre viene del griego «porphyra», que literalmente significa «caracol marino». Así que ya sabes, la próxima vez que lleves algo púrpura, camina con confianza, que estás usando historia pura.
🍏 Verde: Vida, naturaleza y… ¿arsénico?
Sí, el verde representa naturaleza y esperanza. Pero no siempre fue tan sano. En la época victoriana, el pigmento más popular para conseguir este tono vibrante estaba hecho con arsénico. Lo peor es que sabían que era tóxico y aun así lo usaban porque, vamos, la moda siempre ha sido primero. Esto no es una metáfora: literalmente, el verde podía matarte, igual que hoy en día puede hacerlo el aguacate si descubres demasiado tarde que eres alérgico.
☀️ Amarillo: El color con doble vida
El amarillo tiene su propia paradoja. Asociado con el sol, la alegría y el oro, también tuvo un lado oscuro. En la Edad Media se usaba para identificar a grupos marginados, especialmente judíos, que eran obligados a portar prendas amarillas. Así, el amarillo pasó de símbolo de riqueza a símbolo de exclusión social en un abrir y cerrar de ojos. Algo parecido a lo que te pasa cuando revisas tu saldo bancario después de vacaciones: brillo inicial, depresión inmediata.
📦 Marrón: El color que tomó prestado su nombre
El marrón no existía con identidad propia hasta que alguien decidió que merecía su propio término. En español, tomamos prestada la palabra del francés «marron» que significa «castaña». Antes era un rojo oscuro, un naranja oscuro, algo que nadie sabía muy bien cómo describir. Vamos, era el color más olvidable del espectro, hasta que las modas y los diseñadores lo rescataron del olvido. Como esos actores secundarios que finalmente tienen un spin-off y resultan ser mejores que la serie original.
⚫ Blanco y negro: El eterno dúo dinámico
Blanco y negro son los veteranos del mundo cromático. Representan lo básico, la luz y la oscuridad, el bien y el mal. No hubo que inventarles una gran historia porque su existencia era evidente. El negro proviene de palabras relacionadas con cosas quemadas o oscuras, y el blanco, de algo brillante y limpio. Son Batman y Robin, Messi y Cristiano, Coca-Cola y Pepsi: inseparables, opuestos, complementarios.
🔮 Colores exóticos: Esmeralda, turquesa, ámbar
Para cerrar este viaje cromático, los colores exóticos, esos tonos que nadie usa en la vida diaria pero que a todos nos encanta mencionar: turquesa (proveniente de Turquía), esmeralda (del griego «smaragdos»), escarlata (tejidos de lujo), ámbar (del árabe «anbar», una resina). Cada uno es una cápsula histórica comprimida en una palabra elegante que puedes usar para sonar culto en reuniones sociales.
Moraleja: Los colores no son solo colores. Son historias, anécdotas, tragedias y comedias comprimidas en palabras que usamos sin pensar.
Ahora tienes material para parecer interesante y culto en cualquier conversación. Y si aún no distingues bien los tonos, tranquilo, siempre puedes recurrir al clásico: «ese color como… ¿azulito verdoso raro?» Al final, todos empezaron así.